Malvapica IV. La Gran Casa, El Pozo y Las Torres de Piedra

Malvapica estaba asentado en un cruce de caminos. Desde el aire se podría ver claramente que formaba una gran equis norte-sur, este-oeste. Al suroeste quedaba la gran casa, muy alejada de las demás.

De un modo muy concreto, la gran casa tenía una construcción completamente distinta al resto de casas. Por supuesto era más grande y abundaban en ella la piedra gris, madera noble, cocidos de adobe y cizallas en las junteras. Además de esto, estaba situada en lo alto de una loma, por lo que pareciera que fuera un conquistador curioso que observara directamente las intimidades de los habitantes de un nuevo mundo.

Los tonos grises y verdosos de la gran casa no desentonaban nada con la figura que siempre estaba en el alféizar y escalón de la crujiente puerta. Se trataba de la abuela de la gran casa, siempre sentada a la puerta, vestida de negro claro. Nadie conocía su nombre exacto ni procedencia. Lo más que decían unos era que no veía. Otros que no oía. Otros, que no hablaba. De seguro que no realizaba las labores más normales de mantenimiento de una casa, pero La Gran Casa se mantenía impecable, a pesar de ello.

Coronaba la estampa el pozo al que no se debía mirar cuando se reflejara la luna, por que acababas cayendo hipnotizado al mismo, para siempre. Había otros tres pozos en otras partes de la equis que formaba Malvapica, pero sólo uno era llamado “El” Pozo.

Todo esto no tendría ningún sentido si no dijeramos que los habitantes de Malvapica tenían cierta tendencia a acercarse de vez en cuando a La Gran Casa. En sus aledaños se celebraban las juntas, se hacían los recuentos, se iba en romería, se guardaban las fiestas, se velaban los misterios, se aparecían los aparecidos, se ajusticiaban los justos, se prometían las familias, se demostraban los bienes, se lucían trajes de luces, se vitoreaban cánticos, se ofrecían las ofrendas, se relataba a la multitud, se pregonaba, se peregrinaba…

En definitiva, cada poco tiempo la mayoría de los habitantes de Malvapica subían la loma pelada de la Gran Casa. Eso si. Nadie, nunca, se atrevía a estar mucho tiempo en esa loma, junto a La Gran Casa, la abuela o El Pozo, si era en solitario. Nadie sabía por qué era esto así, como nadie sabía por qué existían Las Torres de piedra.

Tampoco nadie se lo preguntaba sinceramente. Los misterios de Malvapica.

Una respuesta

  1. Sólo vivía la Abuela?? No había nadie más… por qué no se acercaban??

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