Malvapica V. El Aparecido

El primero que lo vio fue “Julián” (William) Márquez, leñador avejentado y acostumbrado a tales menesteres. Estaba empacando las últimas balas de ramaje y pensando que no le gustaban nada esos nubarrones pues si llovía se iba a mojar la madera que aún no había podido poner a cubierto. Mucha gente vivía de la madera en Malvapica.

Sólo necesitó sentir el silencioso viento que llegó raudo desde la colina de la gran casa, ese viento forzado, como recién salido, como recién llegado. Al instante levantó la vista de sus manos que aferraban la cuerda y miró hacia la loma calva. Allí lo vio y ya no pudo desviar la mirada en un buen rato. Empezó a andarle rápido, sacudiéndose las manos en la pana y gritándole al escriba que saliera de su despacho, que había llegado otro aparecido, sin dejar de mirar de soslayo al recién llegado.

Parecía más joven de lo acostumbrado para un aparecido, con el cabello bien limpio, largo, rizado y rubio oscuro pero brillante. Vestía como los demás, con túnica de un blanco sucio que los más esnob llaman beis, más raída a más que se acercaba la tela a los pies, éstos descalzos y sangrantes. No pudieron verle la cara hasta que no estuvieron en el despacho del escriba. Hasta allí caminó triste y erráticamente, cogido de las axilas por Julián Márquez, leñador avejentado y el escriba, hasta el despacho.

Sentado en una vieja silla de escuela, el aparecido no dejaba de mirar la escasa bombilla del techo. El escriba estuvo rascándose la coronilla sin saber qué hacer con él hasta que llegó el boticario, que le miró los ojos claros, le pasó la mano por la mirada, de un lado a otro y con aspavientos, le chasqueó un par de veces los dedos a cada oído, le preguntó quien era, luego siguió preguntándoselo a gritos y, finalmente barruntó un diagnóstico: “Este hombre lo que necesita es lo que todos, una tila con leche bien caliente y mucho azúcar y dormir. Dormir mucho”

El mismo Comendador Maestre Primero, después de encargarle al sastre la vestimenta para el joven, lo acompañó a una casa vacía. Lo acompañó el comendador y la lluvia, que cayó también sobre la madera de Julián (William) Márquez, leñador avejentado. Lo siguieron muy de cerca el boticario y el escriba y un nutrido grupo de curiosos de toda índole y de todas las clases.

Cuando lo dejaron en la casa vacía, el Comendador Maestre Primero se dirigió a los presentes. Les dijo que era un nuevo aparecido, que necesitaba descanso y que ya decidirían el nombre y el laboro que le encargarían cuando despertara. El boticario, una vez le fue cedida la palabra, comentó que posiblemente el aparecido no oyera bien, o no hablara bien, o estuviera simplemente loco pero que, o bien se recuperaría o no sería la primera vez que se daría trabajo a un sordo, a un mudo o a un loco.

Ni las tormentas ni la caída de las piedras de la montaña que provocaron, lograron despertar al aparecido hasta que hubo descansado. Estuvo dormido cuarenta y tres días de muy mal tiempo.

2 comentarios

  1. Me declaro fiel seguidor de Malvapica y pido que tenga sección propia.

  2. Gracias, aunque no se muy bien a que te refieres con sección, pero me lo apunto y espero que alguien más lo secunde para comentarlo con el todopoderoso dios de sietenanitos…
    Gracias otra vez.

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