SolFaMidas 500 mg. Bunbury (26/11/2010)

Ehhh… un momento ¿este tío quién es Michael Jackson o Enrique Bunbury? Es Enrique inmerso en su décimo tercera mutación, me aclaran así de rapidez. Ah bien, entonces estamos en el sitio correcto. Si, a parte de todo eso, Michael Jackson es que está muerto. Ah si, es verdad, pero siempre estará con nosotros, recuerda que no es biodegradable.

 Reconozco que si por mi hubiese sido ni me habría planteado ir a este concierto. Se trataba de un antojo, de una misión que cumplir. Entiendo a Bunbury, como entiendo a U2, a Springsteen o a Sabina, como algo que, relájate, ya pasó. Algo que tuvo su época, su momento, como aquella novia que tuviste y que tanto te gustaba y a veces hasta quisiste y ahora la ves y no te explicas ni lo uno ni lo otro. También vale el ejemplo de Oliver y Benji: ¿sigues viendo campeones? No, ¿no? Pues ya está, eso es lo que quiero decir. 

Y llegas allí. Llegas al Auditorium Club. El nombre suena de la hostia pero lo que te encuentras es una carpa y sillas tapizadas en burdéo para los más pudientes y de plástico para el populus. Entonces es cuando revisas la entrada y te aseguras de que te han soplado 36 euros dubi dú pero te tienes que aguantar porque eres de los que menos has pagado. Miras el escenario y es un escenario de lo más normal del mundo (creo que he tocado en algunos mejores) ni parafernalias ni mierdas, las luces sólo las imprescindibles, una pequeña plataforma circular elevada para que el artista haga los pertinentes escorzos y todos muy arrejuntaditos que para eso es finales de noviembre y la noche nos ha salido perruna de cojones. Pero sigo pensando que tiene que haber alguna diferencia. Soy de los que piensan, bendita inocencia, que si la botella de la central lechera asturiana vale 1,20 y la de Hacendado sale por 0,80 tiene que ser por algo.

  El pastel se descubre pronto, a las primeras de cambio tienes la sensación de que ese viejo amor ha vuelto a tu vida. Este tipo tiene algo que transciende de lo temporal y que lo acerca a lo paranormal y no es sólo su incipiente parecido a Michael Jackson. Si, creo que ya sé lo que es. Este tipo es una especie en vías de extinción, una rara avis, llámalo como quieras. El Seprona debería vigilarle y mimarle y reunirlo de paso con Santiago Auserón o Javier Ojeda y exhibirlos en algún lado para que el personal los admire. Pero no me busquen un museo arqueológico. Propongo zoológicos para músicos (mi anterior propuesta de Teletransporte gratis y ya, cayó en saco roto) y que en vez de cacahuetes le echemos corcheas, do menores, un par de fa sostenidos y que ellos se las apañen, que nos hagan monerías mientras fuman canutos de dos en dos. Porque Enriquito, como los otros dos que menciono, es uno de esos privilegiados que se puede subir a un escenario y llenarlo (pero llenarlo hasta petarlo) con su sola presencia; no necesita nada más, a nadie más y de eso, maldita sea, yo no me acordaba.

Aquello iba in crescendo por momentos y el sitio de mierda se convirtió en un gigantesco cd, pocas veces he oído un sonido de tanta calidad, con tantos matices, tan bien ejecutado. Fue un completo acierto no abusar de Las consecuencias, su último trabajo. Hubo canciones de todos sus disco, de todos los tiempos. Sonaron, El extranjero, El viento a favor, piezas de Pequeño, en mi opinión uno de los mejores discos que se ha hecho en los últimos 518 años en este país y hubo hasta guiños a su última etapa en Héroes. Sonaron, versionadas, La chispa adecuada o Iberia sumergida. Pero con la que no contaba era con la que cerró la primera parte del show. Una canción que, no se muy bien por qué, siempre me los ha puesto de corbata, anoche no fue una excepción :

Rock, ritmos latinos, cabaret canalla, referencias al gran Nacho Vegas (que bien sonó Puta desagradecida), niñas de diez u once años con sus padres, matrimonios sexagenarios, nostálgicos del régimen del silencio, macarras, gentes del Limonar. Todos estuvimos allí, incluido el pequeño Nico, su primer concierto. La verdad es que no sé si es bueno o malo esa mezcla generacional porque cuando lo mismo va a tu concierto una señora que puede ser tu abuela que otra que puede ser tu nieta sólo hay una verdad verdadera: te estás haciendo mayor, amigo. Pero que más da, ¿acaso no se trata de eso?

PD: estoy de vuelta.

4 comentarios

  1. Que bien.. has vuelto!!!!…

  2. Enanonaniano. Siempre yendo y viniendo.

    Vaya chorro de voz tiene Bunbury! Muy sorprendida y para bien.

  3. Un gran post amigo, como siempre es de esperar de ti😉. Yo creo que algunos artita se pierden en la busqueda del perfeccionimos/fama, yo de bumbury en solitario me quedaria con “el hombre delgado que no flaqueara jamas”.

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